Ahmed TAHIRI, Bilad al-Rif wa-hadirat Nakur. Min fayr al-ta'rij ilà anwar al-Islam, Sevilla, 2013.

13/12/15.- https://al-andalusyal-rif.academia.edu/FundacionAlIdrisi/Papers

Ahmed TAHIRI, Bilad al-Rif wa-hadirat Nakur. Min fayr al-ta'rij ilà anwar al-Islam, Sevilla, 2013.

 

Ahmed TAHIRI, Bilād al-Rīf wa-ḥāḍirat Nakūr. Min faŷr al-ta’rīj ilà anwār al-Islām (=El rif y la ciudad de Nakūr. Desde los albores de la historia hasta las luces del Islam), Sevilla: Recolectores urbanos editorial, 2013.

 
El Rif ha sido tradicionalmente un territorio ignorado. Y los que se han interesado en su historia medieval se limitaron a reproducir los fragmentos que se conservan en la geografía de al-Bakrī y en las crónicas de Ibn ‘Iḏārī, Ibn Jaldūn e Ibn al-Jaṭīb, sin lograr esclarecer por ejemplo, aspectos tan relevantes como la historia del reino de Nakūr, que llegó a durar trecientos veinte años (699-1019) como la existencia de un segundo reino en la zona, el de los Aїt Yūsuf wa ‘Alī, establecido en el Rif durante la época taifa (1019-1080). Por otro lado, las intervenciones arqueológicas que se han realizado en Nakūr, Bādīs, al-Mazamma y Sidi Dris (Temsaman) no sólo no han logrado resolver los grandes debates que giran en torno a estas plazas del Rif sino que han contribuido, más bien, a la destrucción de sus estructuras y a la extorsión de los hallazgos que, a excepción de dos monedas acuñadas en la ciudad de Nakūr en los años 1005 y 1006, no logramos localizar en ningún museo.  
 
Para salir del círculo vicioso en el que se detuvieron nuestros conocimientos históricos sobre el Rif, el autor optó por una nueva metodología de aproximación a las fuentes árabes. Una detenida y exhaustiva lectura de más de ciento cincuenta obras que pertenecen a distintos géneros proporcionó datos de gran valor historiográfico. Las fuentes griegas y latinas ofrecieron elementos imprescindibles para las oportunas lecturas que se realizaron en los fragmentos relacionados con la historia antigua del Rif. Se trata de leyendas, documentos y datos antiguos cuyas versiones se trascribieron durante la edad media al árabe. No menos valioso es el aporte de la memoria oral beréber plasmada en las obras genealógicas y en la geografía local en forma de topónimos como: Nakūr, Tamsamān, Guīs, Tāgragrā, Hark, Baqqūya, Marnīsa, Miknāsa…etc. La reconstitución de los episodios inéditos de la historia del Rif requirió la adopción de un nuevo enfoque historiográfico similar a los métodos utilizados por la investigación y recuperación arqueológica; lo que proporcionó posibilidades inigualadas de análisis, cotejo e interpretación de los datos textuales que se hallaron en un estado muy avanzado de desintegración.  
 
 En la primera parte del libro dedicada a la prehistoria y antigüedad, se exploraron indicios que reflejan una temprana tendencia a la sedentarización en la vega de Nakūr. Se recopilaron, también, elementos fundamentales para la elaboración de un mapa geográfico del Rif antiguo. Se localizaron la ciudad de Akros y la isla de Acra, entre otros lugares que suscitaron, desde mediados del siglo XIX, una interminable polémica entre los estudiosos. La obra ubica en la serranía de Hark, situada en el entorno de la actual ciudad de Melilla, la cuna que vio nacer los ancestros del grupo humano denominado por las fuentes griegas como Mazices. Apelativo que se reconoció por las fuentes árabes y que perdura hasta la actualidad en idioma local como Imaziguen, o sea, los Beréberes.   
 
Ante la inercia de la aproximación filológica y la confusión sembrada por los análisis antropológicos, no había más remedio que emprender un nuevo enfoque metodológico para ir recomponiendo las descendencias genealógicas que han venido estableciéndose en el territorio del Rif, desde la antigüedad hasta el siglo XI de nuestra era. Los linajes se ramificaron de aquella raíz componiendo los tres grupos tribales conocidos en la fuentes clásicas como: Baquates, Maurensii y Makanitae o Macenite. Los Luwāta de la época preislámica y los Nafza de la plena edad media descendieron de la misma raíz, la de los Baquates, y ocuparon consecutivamente el mismo territorio. Fue a partir del siglo IX, cuando se inició la ramificación de la confederación tribal de los Nafza constituyendo cinco grupos: los Banū Waryāgel, los Gzannāya, los Banū Yaslīten, los Banū Wartarden y los Banū Yaznāsen, cuyos territorios han sido debidamente delimitados en un mapa tribal. Los tres últimos se vieron, a partir del siglo XI, agrupados en la coalición tribal denominada Battūya. También se examinaron las olas migratorias y las influencias culturales ejercidas, recíprocamente, entre el Rif y las antiguas civilizaciones mediterráneas.   
 
Contrariamente a la opinión general, las fuentes consultadas corroboran que el Rif no ha sido conquistado por los árabes. Su islamización se llevó a cabo mediante la iniciativa de un jeque beréber descendiente de los Nafza, quien logró establecer una inédita organización territorial (Al-Mustajlaṣ) que permitió contornar el aparato impositivo omeya centralizado en Damasco. La segunda y la tercera parte de la obra han sido dedicadas a reconstituir los pormenores de la historia medieval del Rif (699-1080) cuyos episodios no figuran en los libros de historia de Marruecos. Al insertar todo un estado, con la complejidad estructural que supone, en el contexto histórico general de la época, se vislumbraron espacios, márgenes y sectores que permanecieron oscuros en la historia medieval del Magreb y al-Andalus. Así mismo la obra aporta nuevos datos tanto sobre la historia de los vikingos y de los eslavos en el Rif, en particular, como sobre la relación entre Oriente, Occidente y África subsahariana, en general.    
 
No se trata de una simple reconstrucción histórica y narrativa de los eventos acaecidos en el Rif, sino de una obra que pone de relieve, en su cuarta y última parte: las estructuras socio-económicas, técnicas y sistemas de producción agraria. Por otro lado, se ha puesto de manifiesto el papel del reino de Nakūr en el establecimiento de la primera red de comunicación intercontinental en torno al mar de Alborán. En este sentido, el intercambio de mercancías, la acuñación de monedas, la actividad minera y la producción artesanal, favorecieron el nacimiento de un sistema económico y social incomparable con las estructuras feudales de la Europa medieval. Se subrayó la magnitud de la ciudad de Nakūr y la floreciente vida urbana en la costa del Rif como particularidades de aquel sistema cuyos mecanismos siguen siendo desconocidos por todas la escuelas historiográficas.  
La doctrina jurisprudente malikí, las matemáticas, las ciencias geopónicas, las técnicas de regadío, la métrica, la poesía, la música y las artes, entre otros campos del saber, han sido tempranamente cultivados en el Rif, antes de ser transmitidos por eruditos personajes y sabios de Nakūr a la corte omeya de Córdoba y a la idrisí de Fes. Sin duda alguna, la obra arroja luz sobre uno de los eslabones más oscuros de la historia del Occidente medieval, lo que la convierte en una lectura imprescindible para cualquier especialista o interesado en la materia.
 

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