El Proyecto

El proyecto titulado "Poblamiento e intercambios en torno al mar de Alborán (Al-Andalus-Magreb, siglos VIII-XV)" tiene como objetivo estudiar la evolución del poblamiento y de los intercambios entre las dos orillas del mar de Alborán a lo largo del periodo medieval (siglos VIII al XV). Por poblamiento, entendemos todo tipo de ocupación humana en sus diferentes grados de concentración que van desde las aldeas y alquerías, en el ámbito rural, hasta las grandes ciudades. En cuanto a los intercambios, englobamos dentro de este concepto diversas manifestaciones: el tránsito de materias primas y productos, el de personas motivado por diferentes razones (migraciones, visitas de formación, invasiones…) y, vinculado con estos dos, las transferencias ideológicas, tecnológicas y culturales (técnicas, constructivas, corrientes de pensamiento…).

Para acometer dicho trabajo, presentamos un equipo de carácter pluridisciplinar. Al principio, cobrarán un especial protagonismo las fuentes escritas árabes, pero también las latinas y hebreas que ofrecen importantes informaciones sobre la circulación marítima en en estos siglos como ya demostraron otros investigadores (GOITIEN, 1973). En segunda instancia se acudirá al auxilio de la arqueología como fuente de información. En este sentido, se comenzará por estudiar de cerca los resultados de las intervenciones que se han llevado a cabo hasta el momento y se proyectarán nuevas actividades en puntos estratégicos (prospecciones, estudio de paramentos y excavaciones) que nos ayuden a ampliar nuestro conocimiento sobre el poblamiento en ambas orillas del Mediterráneo.
 
Si bien en nuestro proyecto abordaremos cuestiones generales sobre todo el Mediterráneo, nuestras investigaciones se focalizarán en el espacio comprendido entre el S-SE de Andalucía, entonces al-Andalus, es decir, en las costas que van desde el Estrecho de Gibraltar hasta el Cabo de Gata (en las provincias de Málaga, Granada y Almería) y el litoral E de Marruecos, conocido como el Rif, que va desde Tánger atravesando la costa hasta llegar el río Kiss, al este, que delimita las fronteras entre Marruecos y Argelia. En definitiva, nuestra área central de estudio vendría a coincidir con el entorno del mar de Alborán, que baña la Andalucía oriental y la costa E. de Marruecos, zona en la que están presentes las dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) y que mantiene unos estrechos lazos históricos con la historia de España.
 
El mar de Alborán, de 180 km. de ancho por 350 km de largo, es uno de los pequeños mares que junto al de Liguria, Baleares, Tirreno, Adriático, Jónico, Egeo, Mármara, Negro y Azov conforman el mar Mediterráneo, y vendría a coincidir con lo que algunos autores árabes denominaban el mar de Occidente (Baḥr al-Magrib). Por su ubicación junto al Estrecho de Gibraltar recibe una influencia constante del Océano Atlántico, tanto en lo que se refiere al aporte de aguas (lo que le hace ligeramente menos salino), como a los vientos y a las corrientes marinas. Por ello, se puede señalar que es un mar de transición entre el Mediterráneo y dicho océano, así como lo es y lo fue a lo largo de la historia entre África y Europa. Dicho mar se encuentra rodeado por una especie de arco montañoso que va desde Gibraltar, al oeste, las Cordilleras Penibéticas, al norte, y la del Rif, al sur. Esto hace que los rebordes de su cuenca sean montañosos de modo que apenas encontramos puertos naturales o ensenadas al uno y al otro lado del mar. Otro fenómeno que conviene señalar del mar de Alborán son los frecuentes afloramientos de aguas profundas (upwellings) que entrañan numerosas beneficios biológicos y económicos para sus costas. Estas aguas que suben de las profundidades son considerablemente más frías pero muy ricas en nutrientes, lo que favorece el desarrollo de la cadena biológica marina. Así la abundancia de nutrientes favorece la de fitoplancton que a su vez revierte positivamente sobre el zooplancton, base alimenticia de los peces. Por lo que, en última instancia, el beneficio llega hasta el último eslabón de la cadena, el ser humano, a través de la actividad pesquera. Otro efecto de estos afloramientos o surgencias es la fertilización de las tierras del litoral, y esto lo observamos sobre todo en la zona de Marbella, Málaga y Motril. 
 

Figura 1. Situación de la cordillera Penibética en Andalucía

 
Tenemos, por lo tanto, que el mar divide en dos nuestra área de estudio, el N en España y el S en el continente africano. En lo que concierne a la zona norte, nos centraremos en el territorio ubicado entre la Cordillera Penibética y el mar propiamente dicho. Esta cordillera constituye una barrera montañosa que separa la costa del interior y se extiende entre Gibraltar y Cabo de Gata, siempre paralela a la costa con una longitud de 300 km por 50 km de anchura. Observamos, por tanto, cómo la Penibética abarcaría, de oeste a este, las costas de Málaga, la mitad sur de la provincia de Granada y el sudoeste de la de Almería. De manera que, el interior, denominado Surco Intrabético por estar entre las dos cadenas de las Cordilleras Béticas (véase fig.1), sólo se comunicaría con la zona del litoral por una serie de pasos naturales y vías de acceso. Así de Granada se accede a Málaga a través del boquete de Zafarraya y a Motril a través del valle de Lecrín y el río Guadalfeo. De las Alpujarras se llega al mar a través de las numerosas ramblas situadas entre Castell de Ferro (Granada) y Adra (Almería) y los valles de los ríos Guadiaro, Guadalhorce, Guadalfeo, Adra y Andarax. En este sentido, el conocimiento de este medio físico y de las vías de comunicación naturales, sobre las que luego se asentarán las primeras creadas por el hombre, no es un asunto baladí ya que nos va apuntando los posibles centros de abastecimiento y/o recepción de productos que arriban a los puertos. Al tiempo que nos informan sobre las redes que se van tejiendo en torno a estos núcleos en las zonas de interior.
 
En cuanto a la zona S de nuestra área de estudio, el Rif (del árabe borde y luego orilla), que es una zona de poblamiento tradicionalmente amazigh, presenta una fisionomía muy similar a la de la otra orilla, de ahí que se hable de Macizo Bético-Rifeño desde la paleogeología como una unidad homogénea y conformada en la misma época. Del este arranca un arco que va desde la Djebala hasta cabo Quilates, al este del cual se sitúa el cabo de Tres Forcas. El límite oriental está marcado por el río Muluya que es una depresión sublitoral, la sierra de Snassen y el inicio del Atlas Telliano que se dirige ya hacia Argelia. En esta caso también hallamos un litoral escarpado, montañoso, en la que los cabos (Negro, Mazari, Morro Nuevo, Quilates, Tres Forcas, Aguas) y las desembocadura de los ríos (Martín, Kert, Muluya, Kiss y Nekor) son claves para la navegación.
 

Figura 2. Situación del área de estudio del proyecto « PIMA » con respecto a la Península Ibérica

 
Realizadas estas precisiones geográficas, conviene establecer los límites cronológicos que nos marcamos en nuestro proyecto. Éstos, grosso modo, coinciden con los de la existencia de al-Andalus, yendo desde el 711 hasta el 1492, año de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Sería, pues, un periodo en el que las dos orillas del mar de Alborán estaban ocupadas por la misma civilización, la arabo-islámica, pero no por ello necesariamente bajo una misma entidad política ni en un mismo estadio de evolución socioeconómica. De modo que los periodos de unidad y de guerras se alternarán sucesivamente. Así si la invasión arabo-beréber de la Península va a suponer la incorporación de ambas orillas a un mismo estado, el omeya, y a largo plazo a una misma cultura, la arabo-islámica, la llegada de ‘Abd al-Raḥmān al-Dājil y la subsiguiente fundación del emirato de Córdoba va abrir un largo periodo de ruptura de dicha unidad política entre  al-Andalus y el Magreb, unidad que sólo se recuperará posteriormente ya en época almorávide (1085-1147) y almohade (1148-1232). Poco después el periodo nazarí (1236-1492) va a representar una nueva etapa de división política. Sin embargo, ni las diferencias políticas ni las orientaciones religiosas nunca llegan a frenar completamente ni los intercambios de productos ni el tránsito de personas e ideas, como nos proponemos demostrar en nuestro proyecto.
 

Figura 3. Mapa cartográfico (1:1.000.000) del área de estudio (IGN)

 
Por otro lado, conviene que precisemos que este proyecto que proponemos «Poblamiento e intercambios en torno al mar de Alborán (al-Andalus-Magreb, siglos VIII-XV)» carece de precedentes directos en el panorama de la investigación española y europea. Hasta ahora, los estudios llevados a cabo se habían concentrado tan sólo en las territorios costeros de una u otra orilla, abordando cada una de las ciudades y puntos de forma aislada y, lo que es peor, sin analizar las redes de poblamiento y de intercambios que se van tejiendo en torno a los principales puertos y ciudades. De forma que, si bien existen estudios monográficos sobre las grandes ciudades como las de Almería, Málaga, Salobreña de gran calidad, consideramos que éstos, ya sea por razones de perspectiva histórica o simplemente porque entonces no formarían parte de sus objetivos primordiales, no se detuvieron en cuestiones como las redes de intercambios, las rutas de abastecimiento y la comparación con el otro lado del mar. Por otra parte, los trabajos sobre el N. de África, se han concentrado en la zona sin estudiar de forma detenida las relaciones con la otra ribera del mar de Alborán. Por lo tanto, el análisis que proponemos constituye un primer intento de estudio conjunto de la zona del Rif (Marruecos)  y del SE de al-Andalus (España) desde un punto de vista comparativo y evolutivo. El comparativismo ha sido un método de estudio muy desarrollado en otras ciencias como la antropología, la lingüística e incluso recientemente la teología. Sin embargo, en cuanto a lo que la a Arqueología y a la Historia de al-Andalus  se refiere, no ha ocupado un espacio relevante. Y eso que la existencia de al-Andalus no se explicaría sin los acontecimientos y la situación del N. de África. En lo que se refiere a « evolutivo » nos referimos a la evolución de las formas de poblamiento a lo largo de los siglos medievales (VIII-XV), cómo van evolucionando las urbes de uno y otro litoral, cuáles son las dinámicas que establecen su evolución, el papel del comercio en ello.
 
En este sentido, nuestro trabajo plantea un análisis en dos tiempos: diacrónico, ya que trataremos de realizar una reconstrucción de la evolución de las medinas, de sus redes de comunicación y de los intercambios, como señalamos anteriormente, a lo largo de los siglos medievales. Y sincrónico, pues se analizarán y tratarán de identificar los diferentes elementos urbanísticos de las urbes (atarazanas, puertos, fortificaciones, acequias, aljibes, mezquitas…) así como las diferentes formas de poblamiento tratando de establecer tipologías en función de cada etapa. Conviene recordar que estamos probablemente ante dos de las zonas más urbanizadas del occidente islámico. Ya desde la antigüedad ocupaba un lugar geoestratégico importante en los límites del Mediterráneo y en el período medieval esta relevancia se verá aún remarcada. Los puertos africanos recepcionarán productos procedentes del N y darán salida al oro y esclavos africanos conectando el África negra (conocida por las fuentes árabes como Bilād al-Sūdān) con el continente europeo. Asistiremos entonces a una integración comercial con una serie de rutas y ciudades etapas, que irán jalonando el camino desde el S. de Mali y Senegal hasta el mismo corazón del Sacro Imperio Romano. No en vano, los puertos magrebíes van a ser el destino de numerosas comunidades de mercaderes, entre los que destacarán, avanzada la Edad Media, los procedentes de las repúblicas italianas.
 
No cabe duda de que la llegada de los fatimíes en el siglo IX va a suponer un impulso para este comercio, ya que éstos controlarán completamente las rutas del oro, de ahí la destacada pureza de sus acuñaciones en forma de dinar. El principal avance será el control de la vía Awdaghost-Siŷlmāsa. Precisamente por ello, los omeyas andalusíes, sus principales enemigos, viendo bloqueado su acceso al oro, se enrolarán en la conquista del norte de África, de forma tanto indirecta, apoyando a los zanāta magrāwa en contra de los fatimíes y ṣinhāŷas que toman Siŷilmāsa (980), como directa, con la ocupación de Melilla (927), Ceuta (931) y Tánger. Esto, y no las diferencias religiosas, sunníes frente a ši‘íes, será el principal motivo de discordia entre ambos califatos que luchan por la supremacía del occidente musulmán.
 
El gran cambio se comenzará a dar con los almorávides, estos beréberes ṣinhāŷas destruyen Awdaghost, que estaba controlado por los zanātas (1055), y ocupan Siŷilmāsa. Su dominio del área subsahariana será directo, con ellos avanzará la islamización del África negra. Y luego con los almohades asistiremos al gran salto adelante que supondrá el control de las rutas desde su inicio hasta su fin para enviar el oro y otros productos secundarios hacia Europa pasando por la mano de los mercaderes italianos que se instalan en las costas africanas. En este periodo no sólo se comercia sino que se dominan los puntos de intercambio, se produce por tanto un cambio sustancial de la situación que revierte en los resultados y beneficios obtenidos, he aquí los cimientos del poderío económico inicial de los almohades.
 
No cabe duda de que la zona del norte de África y el SE de la Península Ibérica son una de las zonas más urbanizadas. Ciudades de la talla de Málaga, Almuñécar,  Salobreña, Pechina/Almería, en la península, y Ceuta, Bâdis, Alhucemas, Melilla, al-Mazamma, Nakûr en el N. de África situadas al borde de sus países y mirando hacia las tierras del otro lado del mar evidencian que el mar y los intercambios entre ambas orillas son esenciales para la comprensión del desarrollo urbano. Pero tampoco debemos olvidar que el poderío de dichas medinas se basa en su comunicación con las tierras del interior que les abastecen de productos al tiempo que son el destino de las nuevas mercancías que allí arriban. Y en este sentido nuestro trabajo se propondrá reconstruir esta redes.